Rem Koolhaas: «El comercio es el pegamento que une el mundo actual»
Su presencia -con permiso de Sonic Youth- estaba destinada a convertirse en el gran atractivo mediático del emergente Greenspace, y no defraudó. El arquitecto holandés Rem Koolhaas llegó envuelto en una gran expectación y, haciendo gala de su fama de artista hosco y poco comunicativo, rechazó cualquier contacto con el público antes de su «master class» y, envuelto en un caos de exigencias imprevistas se situó frente a un auditorio repleto de futuros arquitectos y diseñadores, ávidos de conocer, de primera mano, las opiniones de uno de los referentes de la modernidad.
Ricardo Rodríguez, Valencia
Poco antes, Koolhaas aleccionaba a los vencedores del proyecto Greenspace de diseño, que han tenido la oportunidad de conocer sus ideas y recibir sus lecciones sobre nuevas tendencias. Luego llegaría el momento de ponerse frente al ordenador y exponer sus pensamientos sobre «un mundo en el que la arquitectura camina cada vez más cerca de la globalización». Según Koolhaas, «en los últimos 20 años, la economía ha pasado a ocupar el espacio dejado por la política, y la arquitectura no ha podido escapar a esa tendencia, convirtiéndose en una parte más de la globalización». Sonaba casi a disculpa por su participación en un evento patrocinado por una gran marca comercial como Heineken, para la que Koolhaas colabora desde hace tiempo.
De hecho, casi toda su exposición teórica caminó en pos de justificar esa presencia, argumentando que «el diseño y la arquitectura pueden partir de una posición más estática, y limitarse a observar lo que pasa con el mundo, o actuar. Yo me posiciono más cerca de esta segunda opción, y creo que hay que cambiar la mentalidad de muchas marcas comerciales, para ofrecerles una nueva visión, en un mundo en el que el dinero cada vez se impone más sobre la cultura».De ahí que los esfuerzos de su estudio, dividido ahora en dos partes -AMO y OMA- con diferentes perspectivas -una más dedicada a la elaboración de encargos y otra a la creación de nuevos conceptos integrales- centre ahora todos los esfuerzos en luchar contra la opinión de que «el comercio es el pegamento que une al mundo actual», pero que aún se pueden hacer cosas. «No siempre es un camino fácil», asegura este creador. «Nosotros asesoramos a diferentes marcas comerciales de renombre internacional, y algunas aceptan lo que proponemos, pero otras directamente nos han despedido, como Volkswagen, que no aceptó nuestras ideas sobre el diseño de nuevos coches».
Buscar el equilibrio
En el fondo, lo que se intenta desde su estudio es «encontrar el punto de equilibrio entre un modelo europeo de ciudad que se ha ido construyendo durante siglos y otro, principalmente asiático, que ha registrado un espectacular crecimiento en apenas unos años. Por otra parte, la población de África y Asia crece y la de Europa disminuye, y en algún momento se deberán encontrar en sus modelos de ciudad».
Según Koolhaas, «asistimos a un momento histórico en el que los arquitectos ven cómo se les escapa de las manos la perspectiva global sobre lo que están construyendo, en el mejor de los casos, ya que en la mayor parte del mundo, se construye a toda velocidad, sin un proyecto», y puso ejemplos como el de Lagos, en Nigeria, donde las casas se acumulan sobre los vertederos mientras a pocos kilómetros se alzan los edificios que acogen una de las bolsas más importantes de África, o de Dubai, ciudad literalmente «robada» al desierto.
Ricardo Rodríguez, Valencia
Poco antes, Koolhaas aleccionaba a los vencedores del proyecto Greenspace de diseño, que han tenido la oportunidad de conocer sus ideas y recibir sus lecciones sobre nuevas tendencias. Luego llegaría el momento de ponerse frente al ordenador y exponer sus pensamientos sobre «un mundo en el que la arquitectura camina cada vez más cerca de la globalización». Según Koolhaas, «en los últimos 20 años, la economía ha pasado a ocupar el espacio dejado por la política, y la arquitectura no ha podido escapar a esa tendencia, convirtiéndose en una parte más de la globalización». Sonaba casi a disculpa por su participación en un evento patrocinado por una gran marca comercial como Heineken, para la que Koolhaas colabora desde hace tiempo.
De hecho, casi toda su exposición teórica caminó en pos de justificar esa presencia, argumentando que «el diseño y la arquitectura pueden partir de una posición más estática, y limitarse a observar lo que pasa con el mundo, o actuar. Yo me posiciono más cerca de esta segunda opción, y creo que hay que cambiar la mentalidad de muchas marcas comerciales, para ofrecerles una nueva visión, en un mundo en el que el dinero cada vez se impone más sobre la cultura».De ahí que los esfuerzos de su estudio, dividido ahora en dos partes -AMO y OMA- con diferentes perspectivas -una más dedicada a la elaboración de encargos y otra a la creación de nuevos conceptos integrales- centre ahora todos los esfuerzos en luchar contra la opinión de que «el comercio es el pegamento que une al mundo actual», pero que aún se pueden hacer cosas. «No siempre es un camino fácil», asegura este creador. «Nosotros asesoramos a diferentes marcas comerciales de renombre internacional, y algunas aceptan lo que proponemos, pero otras directamente nos han despedido, como Volkswagen, que no aceptó nuestras ideas sobre el diseño de nuevos coches».
Buscar el equilibrio
En el fondo, lo que se intenta desde su estudio es «encontrar el punto de equilibrio entre un modelo europeo de ciudad que se ha ido construyendo durante siglos y otro, principalmente asiático, que ha registrado un espectacular crecimiento en apenas unos años. Por otra parte, la población de África y Asia crece y la de Europa disminuye, y en algún momento se deberán encontrar en sus modelos de ciudad».
Según Koolhaas, «asistimos a un momento histórico en el que los arquitectos ven cómo se les escapa de las manos la perspectiva global sobre lo que están construyendo, en el mejor de los casos, ya que en la mayor parte del mundo, se construye a toda velocidad, sin un proyecto», y puso ejemplos como el de Lagos, en Nigeria, donde las casas se acumulan sobre los vertederos mientras a pocos kilómetros se alzan los edificios que acogen una de las bolsas más importantes de África, o de Dubai, ciudad literalmente «robada» al desierto.

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